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Cómo elegir una agencia de diseño web en Colombia

Escrito por alguien que compite con las agencias, así que léelo con esa advertencia. Están las siete preguntas que separan a un proveedor serio de uno que te va a costar el doble.

·5 min de lectura·Alexander Arismendi·Antes de contratar

Antes de nada: yo compito con las agencias. Soy una persona, no una agencia, así que este artículo no es neutral y prefiero decírtelo de entrada.

Lo escribo igual porque la mayoría de las malas contrataciones que he visto no se podían evitar sabiendo de tecnología: se podían evitar haciendo siete preguntas. Sirven para elegirme a mí o para elegir a otro.

Las siete preguntas

1. ¿A nombre de quién quedan el dominio y el hosting?

La más importante, y la que casi nadie hace.

La respuesta correcta es “a nombre tuyo, con tu correo y tu tarjeta”. Cualquier otra —“nosotros lo gestionamos”, “va en nuestra cuenta para facilitar el soporte”— significa que el día que quieras irte, no puedes.

He visto negocios pagando de más años porque no podían mover su propio sitio. Si no te convence la respuesta, no sigas con las otras seis. Aquí explico por qué importa tanto.

2. ¿Qué pasa si quiero cambiar de proveedor?

Un profesional serio responde sin incomodarse: te entrega accesos, archivos y listo.

Si la respuesta se enreda, o si “el sitio está en nuestra plataforma”, vas a quedar amarrado. Hay modelos de suscripción legítimos que funcionan así —pero tienes que saberlo antes, no el día que quieras irte.

3. ¿Voy a poder cambiar textos y fotos yo mismo?

Si la respuesta es no, cada cambio de una palabra será un correo, una espera y probablemente una factura.

Hay proyectos donde tiene sentido que sea así. Pero tiene que ser una decisión tuya, informada, no una sorpresa.

Pregunta también si la capacitación va incluida. Un panel que nadie te enseñó a usar es lo mismo que no tenerlo.

4. ¿Qué incluye exactamente el precio?

Que quede por escrito:

  • Cuántas páginas — y qué cuesta una más.
  • Cuántas rondas de cambios — y qué pasa con la cuarta.
  • Quién pone los textos y las fotos. Es la fuente número uno de sobrecostos.
  • Si incluye SSL, formulario, SEO base, Analytics. Si son “extras”, el precio real es otro.
  • Qué pasa después de entregar, y por cuánto tiempo.

5. ¿Cuánto se demora, y desde cuándo se cuenta?

La segunda parte es la que importa. “Quince días” no significa nada si no está claro desde cuándo.

Un plazo honesto se cuenta desde que entregas el material, no desde que pagas. Lo desarrollo aquí.

6. ¿Quién responde cuando algo falle?

Porque algo va a fallar. Un formulario que deja de enviar, un hosting caído, una actualización que rompe algo.

Pregunta quién responde —una persona, un correo genérico, un ticket—, en cuánto tiempo, y hasta cuándo sin costo. Que la respuesta exista ya te dice mucho.

7. ¿Puedo ver sitios que hayan hecho, en línea?

No imágenes ni maquetas: URLs que pueda abrir.

Entra a tres o cuatro. Míralos en tu celular. Fíjate si cargan rápido. Un portafolio de sitios vivos es la referencia más difícil de fingir — y si te muestran solo pantallazos, pregunta por qué.

Si puedes, escríbele a uno de esos clientes y pregúntale cómo fue trabajar con ellos. Toma cinco minutos y vale más que toda la propuesta.

Señales de alarma

“Te garantizo el primer lugar en Google.” Nadie puede garantizarlo, y Google lo dice explícitamente. Quien lo promete no sabe o está mintiendo.

Un precio muy por debajo del mercado. Casi siempre es una plantilla comprada. El rango real está en cuánto cuesta una página web en Cali.

Cotización sin detalle. Un total sin desglose es un total que va a crecer.

Piden todo por adelantado. Lo normal es un anticipo. El 100% antes de empezar te deja sin ninguna posición si algo sale mal.

No preguntan por tu negocio. Si en la primera conversación te hablan de tecnología y no de a quién le vendes, van a hacer un sitio bonito que no vende.

Presión para firmar hoy. Un descuento que se vence en 24 horas es una técnica de venta, no una oportunidad.

Cuándo una agencia es mejor que un freelance

Siendo justo con mi competencia, porque hay casos claros:

  • Proyectos grandes con varios frentes a la vez: web, campañas, contenido, redes.
  • Cuando necesitas continuidad garantizada. Si un freelance se enferma, se muda o cambia de oficio, tu proyecto se detiene. Una agencia tiene reemplazo.
  • Cuando tu empresa exige factura, contratos formales y proveedores registrados. Algunas compañías simplemente no pueden contratar personas naturales.
  • Cuando el volumen es constante y necesitas un equipo disponible todo el mes.

Si estás en alguno de esos casos, una agencia es la respuesta correcta y no deberías forzar lo contrario.

Cuándo conviene una persona

  • Cuando quieres hablar con quien hace el trabajo. En una agencia hablas con un ejecutivo de cuenta; lo que tú explicas y lo que llega al que programa no siempre es lo mismo.
  • Cuando el proyecto cabe en una persona. Un sitio corporativo o una tienda mediana no necesitan un equipo de seis.
  • Cuando quieres saber quién es responsable. Con una persona no hay a quién pasarle el problema.
  • Por presupuesto. Parte de lo que paga una agencia es su estructura: oficina, comerciales, coordinadores. Ninguno toca tu página.

Lo que de verdad decide

Después de todas las preguntas, el criterio que mejor funciona es simple:

¿Te explicó algo que no te convenía?

Un proveedor que te dice “eso que pides no te sirve”, “con menos páginas te alcanza” o “todavía no necesitas una tienda” está pensando en tu resultado. Uno que dice que sí a todo está pensando en la factura.

Esa conversación —donde alguien te quita trabajo de encima en vez de sumarlo— es la mejor señal que vas a tener. Vale más que el portafolio.

En resumen

  • Pregunta a nombre de quién quedan dominio y hosting. Si falla esa, no sigas.
  • Exige URLs en línea, no pantallazos.
  • Que la cotización diga páginas, rondas de cambios, quién pone el contenido y qué pasa después.
  • Desconfía de garantías de posición en Google, precios muy bajos y prisa por firmar.
  • Agencia para proyectos grandes o cuando necesitas continuidad; una persona cuando quieres hablar directo con quien hace el trabajo.
  • La mejor señal: que te haya dicho que no a algo.

Si quieres hacerme estas siete preguntas a mí, escríbeme. Las respondo todas, y si veo que no te sirvo, te lo digo de una.

Escríbeme, contesto yo